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domingo, 19 de julio de 2015
EL PRESTIGIO DEL PREMIO ONDAS
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miércoles, 9 de septiembre de 2009
SOROLLA, EL ARTE DE DETENER EL MOVIMIENTO
Pido disculpas a los entendidos si no encuentran correctos los comentarios
No pretendo, a estas alturas, descubrir a Sorolla pero no puedo por menos que destacar su maestría para plasmar el aire, la luz... para detener el movimiento.
Todos los cuadros me impresionaron. He aquí algunos que me llegaron especialmente:
El agua, el viento, el esfuerzo...
Con unos trazos sabios logra el brillo del agua en sus cuerpos
Sublime esa gama de blancos. ¡Cuanta elegancia! Y ese mar Mediterráneo...
sábado, 5 de septiembre de 2009
EL MANTÓN DE MANILA
Olga Ramos solía decir: “Con un mantón sobre los hombros, me creo la reina del mundo” o “Yo no quiero visones, prefiero mantones”.
Nadie como ella para arrebujarse en su mantón o estirárselo, mano en alto con el empaque de su gran personalidad.
Pocas veces se vistió de madrileña prefería cubrir su traje de noche con un buen mantón. Llegó a tener tanta afición que compró más de veinte aunque por el uso sólo son “ponibles” media docena, el resto reposan en su “Museo”.

El mantón aunque se llama de Manila procede de China. Parece ser que esta es la explicación: Todo el comercio que en aquella época llegaba desde Oriente a España, pasaba por la aduana de las Islas Filipinas que eran españolas. Entraban por el Sur hasta Sevilla y algo que muy pocos saben: no tenían fleco. Este precioso remate se le ocurrió a un artesano sevillano que añadiendo ese elaborado trabajo árabe dio al mantón un acabado espectacular y mucho más valor.
¡Cómo lo manejaba a sus 85 años!
1ª- A veces me preguntan si se colocan de pico o doblado a la mitad. Pues depende del tamaño; si es grande (1.50 cm de lado, aprox.) hay que doblarlo para poderlo manejar y si es mediano o pequeño (1.20 cm aprox.) mejor de pico. Nada tiene que ver que se lo pongan en Sevilla o en Madrid.
2ª- ¿Cómo guardarlos? Nosotras los ponemos en una percha gruesa forrada para que no se enganchen. Así los flecos no se rizan y tienen buena caída. Lo que no pueden es eternizarse en el armario. Hay que darles aire, vamos, hay que ponérselos.
3ª - Si los flecos están muy enredados… ¡Paciencia! Porque se pueden desenredar. Sólo se necesita tiempo. Colocar el mantón sobre una mesa grande y sentada frente a él, se moja la yema de los dedos en un bol con agua y algo de suavizante entonces, uno a uno, hay que tirar suavemente de ellos desde el extremo unido a la tela a la punta, alisándolos y formando manojitos de flecos que se van atando con un lazo suave. El mismo peso del fleco húmedo lo irá estirando.

4ª- ¿Cómo ponérselos para que no se caigan? Queridas, eso ya es más difícil. Yo creo que el truco está en dominar al mantón y no dejar que éste les domine. Pónganse frente al espejo y coloquénselo con parsimonia, siempre cubriendo un hombro, esa es una buena forma para que no se caiga. Y olviden las lentejuelas, abalorios o cualquier adorno en donde puedan engancharse. Y, por supuesto, nada de imperdibles… ¡Válgame Dios!
Y por último: ¡No lo laven nunca ni lo lleven al tinte. A nosotras nos destrozaron dos maravillosos y mi madre lavó uno precioso valenciano y las hojitas verdes de las flores destiñeron.
martes, 1 de septiembre de 2009
RAQUEL MELLER, LA "CANTACTRIZ" DEL CUPLÉ
LOS OJOS DE RAQUELLos ojos de Raquel son turbadores,
profundos, penetran;
puerta o muralla según convenga.
Nocturnidad misteriosa,
inmortales
únicos
¡Raquelianos!
Ojos divinos
apagados por la Parca
despiertan
a la sutil invocación
para inundar de luz otro milenio
Olga María Ramos
RAQUEL MELLER -Tarazona 1888- a la que Olga Ramos calificó como la cantactriz del cuplé, tuvo la peculiaridad de hacer famosos cuplés que en otras habían pasado desapercibidos; así ocurre con “El relicario”, “Nena” o “La Violetera”. Delicadísima en “Flor de té, “Bajo los puentes del Sena” o “Mala entraña”, jamás caía en la cursilería ni en el exceso porque el cuplé es tierno y hay que mimarlo como ella lo hacía. Le bastaba un gran foco en aquellos maravillosos ojos para que el público quedara cautivo de la intensidad de su mirada, su gesto exacto… su arte.

Fue, sin duda, la más internacional de las cupletistas de su época, obteniendo triunfos memorables en Paris o Nueva York.
Musa de Chaplin o Sorolla, fascinó a través del tiempo. Fue admirada y envidiada, gajes de un oficio en el que no te perdonan el éxito.
Como sería interminable relatar su intensa vida artística, déjenme que me detenga en el último tramo de su existencia.
Raquel Meller falleció el 26 de Julio de 1.962 en el hospital de la Cruz Roja de Barcelona, ciudad que había elegido para su retiro. La noticia corrió como la pólvora. Su hijo no se había separado de su cabecera ni un instante y allí permaneció hasta que se llevaron el cadáver.
La Capilla ardiente se instaló en el propio hospital. Cerraron las manos de Raquel sobre su querido rosario, que siempre la había acompañado. En su pecho depositaron un escapulario de la Virgen del Carmen y sus tres condecoraciones favoritas: La Gran Cruz de Alfonso XII, Las Palmas Académicas Francesas y la Legión de Honor.
Su entierro fue multitudinario. Miles de personas siguieron el cortejo fúnebre hasta el cementerio del Sudoeste. Sus amnésicos compatriotas habían recuperado la memoria. Y es que, como dijo Borges, “ESPAÑA, ES EL PAÍS QUE MEJOR ENTIERRA”
domingo, 30 de agosto de 2009
PASTORA IMPERIO
Rojas Monge, Pastora. Pastora Imperio. Sevilla, Domingo de Ramos de 1.889 - Madrid, 13.IX.1.979. (Biografía abreviada)
Un género tan singular como el cuplé atrajo a artistas de toda España y muchas fueron sevillanas: Amalia Molina virtuosa con las castañuelas, Julita Fons creadora de La Regadera o Pastora Imperio. Esta última que, sin duda, destacó como excelente bailaora, poseía una voz pequeñita pero suficiente para interpretar cuplés y chótis con los que debutó a la temprana edad de 14 años en el salón Japonés de Madrid. Interpretaba con tal gracia “SM el Chótis”, “Luis”, “Viva Madrid” o “El Garrotín” que D. Jacinto Benavente, tras verla actuar exclamó “¡Esta Pastora vale un Imperio!” Y así quedó bautizada.
Pastora fue una mujer carismática, simpatiquísima y muy hermosa pero lo más llamativo, además de su mayestática estampa, fueron sus ojos verdes que inspiraron a más de uno:
-Graciano y Font de Anta le dedicaron: “Porque a Dios le dio la gana en sus divinos antojos he nacido yo gitana sin tener negros los ojos… ”
-Mariano Benlliure esculpió su figura en la escultura “La bailaora”
-Romero de Torres, que la pintó varias veces, la plasmó en el lienzo “La consagración de la Copla”.
Su matrimonio con el torero Rafael Gómez El Gallo apenas duró un suspiro.
Se retiró varias veces pero cuando lo hizo definidamente, montó en Madrid el tablao “Gitanillos”.
Afectuosa y muy generosa, la genial bailaora disfrutó de un retiro feliz rodeada del cariño de su familia, falleciendo en Madrid a los 90 años en su domicilio de la calle O’Donnell el 14 de septiembre de 1979.
viernes, 28 de agosto de 2009
LA FORNARINA
LA SINVENTURAQuizás, la mejor definición de La Fornarina, sea la que nos brindó el escritor Antonio Zozaya:
ESTA MUJER SIGNIFICA, EL PUEBLO ASPIRANDO A MÁS ALTO ESPACIO ESTÉTICO
“En la madrileña calle de Areneros, actualmente llamada del Marqués de Urquijo, vino a nacer Consuelo Vello Cano, el 28 de Mayo de 1.884. Su padre, Laureano Vello Álvarez, un modesto guardia civil procedente de la villa orensana de Destri y su madre, Benita Cano Rodríguez, lavandera y paisana de la Cervantina Dulcinea.
Desde muy chica, Consuelo acompañaba a su madre al río Manzanares, donde ésta relimpiaba otras ropas (además de las suyas) para ayudar a la economía familiar. ¡Cuantos fríos pasaron ambas al sumergir una y otra vez sus delicadas manos en las heladas aguas del aprendiz de río...!
Por aquel entonces y tras una jornada entera lavando, ganaba Consuelo dos pesetas. La dureza del trabajo y el exiguo salario, la decidieron, seguramente, a tomar otro rumbo…”
Así da comienzo en mi libro "De Madrid al cuplé, una crónica cantada" la biografía que escribí sobre esta delicada y pícara cupletista por la que siempre he sentido especial ternura y predilección y que alcanzó, en su corta vida, enorme éxito y el cariño del público. Años más tarde de su fallecimiento, ocurrido a los 31 años, mi padre El Cipri le dedicó un cuplé titulado “La Sinventura” que en su primera parte dice así:
“Si bajas a la feria de San Isidro
acércate al recinto de los silencios
donde bajo amapolas y azules lirios
duerme La Fornarina su sueño eterno
Puede ser que su lindo polichinela
Al que ella cantando dio movimiento
vele fiel su descanso, cual centinela,
mientras penden sus hilos del firmamento”
jueves, 27 de agosto de 2009
EL VIOLÍN DE OLGA

La calidad de su voz y el arte para reinventarse el cuplé desdibujaron, seguramente, una de las peculiaridades de Olga Ramos: su faceta de violinista. Con calificación de sobresaliente y un flamante diploma de Primera Clase otorgado en 1941 por el Real Conservatorio de Música de Madrid, Olga inició su andadura artística como concertista de violín. Reclamada por los mejores cafés concierto de la época, recorrió España y se hizo figura imprescindible. En el Café Universal de Madrid obtuvo éxitos memorables. Por él pasaron grandes entendidos que, arrobados, se deleitaban con su maestría. El maestro Sorozábal llegó a decir: “Esta mujer debiera haberse dedicado sólo al violín”. Muchos años después, un periodista de “Il Corriere de la Sera” diría: “OLGA IL VIOLINO CHI PARLA”.

¡Ay su violín…! De él nunca se desprendió desde que, casi al final de la guerra (no merece mayúscula esta vil palabra) lo adquirió con un dinero que pocos días después no serviría. A poco de tenerlo, volvía Olga del Conservatorio con unos compañeros; uno de ellos se brindó a llevarlo. Cruzaban la calle de Sagasta, un tranvía se acercaba y, de pronto, se abre el estuche y el preciado violín cae sobre las vías. El muchacho raudo lo recoge y todos corren a la acera. El violín no sufrió daño alguno pero, desde entonces y hasta que lo usó por última vez, siempre aseguró el alargado maletín con una liga de goma negra, de aquellas con que las damas sujetaban las medias de seda.
Aquel violín rojizo “francés de escuela italiana”, como decía orgullosamente, fue su fiel compañero hasta que en 1999 (63 años después) lo guardó definitivamente.
Aún recuerdo como lo cuidaba: Una vez firmemente apoyado sobre una mesa, mi madre abría con parsimonia el estuche y retiraba la gamuza de suave tacto con la que la noche anterior lo había arropado. Sus ojos expertos recorrían la superficie, satisfecha de su tersura que no presentaba atisbo de heridas. Entonces, casi sensual, deslizaba sobre la madera, centímetro a centímetro, una muñequilla impregnada de aceite de nuez hasta dejarlo jugoso.
Ahora el violín reposa en el armario de mi dormitorio, rodeado de mantones y plumas recordando, quizás, cada amoroso abrazo de Olga Ramos.













