viernes, 28 de agosto de 2009

LA FORNARINA

LA SINVENTURA

Quizás, la mejor definición de La Fornarina, sea la que nos brindó el escritor Antonio Zozaya:
ESTA MUJER SIGNIFICA, EL PUEBLO ASPIRANDO A MÁS ALTO ESPACIO ESTÉTICO

“En la madrileña calle de Areneros, actualmente llamada del Marqués de Urquijo, vino a nacer Consuelo Vello Cano, el 28 de Mayo de 1.884. Su padre, Laureano Vello Álvarez, un modesto guardia civil procedente de la villa orensana de Destri y su madre, Benita Cano Rodríguez, lavandera y paisana de la Cervantina Dulcinea.
Desde muy chica, Consuelo acompañaba a su madre al río Manzanares, donde ésta relimpiaba otras ropas (además de las suyas) para ayudar a la economía familiar. ¡Cuantos fríos pasaron ambas al sumergir una y otra vez sus delicadas manos en las heladas aguas del aprendiz de río...!
Por aquel entonces y tras una jornada entera lavando, ganaba Consuelo dos pesetas. La dureza del trabajo y el exiguo salario, la decidieron, seguramente, a tomar otro rumbo…”

Así da comienzo en mi libro "De Madrid al cuplé, una crónica cantada" la biografía que escribí sobre esta delicada y pícara cupletista por la que siempre he sentido especial ternura y predilección y que alcanzó, en su corta vida, enorme éxito y el cariño del público. Años más tarde de su fallecimiento, ocurrido a los 31 años, mi padre El Cipri le dedicó un cuplé titulado “La Sinventura” que en su primera parte dice así:

“Si bajas a la feria de San Isidro
acércate al recinto de los silencios
donde bajo amapolas y azules lirios
duerme La Fornarina su sueño eterno
Puede ser que su lindo polichinela
Al que ella cantando dio movimiento
vele fiel su descanso, cual centinela,
mientras penden sus hilos del firmamento”

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